Derrotar a Bolsonaro en las urnas ya, preparando el enfrentamiento en defensa de los intereses de la mayoría social
244393004_1545606819134746_2369732980450727161_n-1-1

Derrotar a Bolsonaro en las urnas ya, preparando el enfrentamiento en defensa de los intereses de la mayoría social

Documento político aprobado por la Coordinación Nacional del Movimiento de Izquierda Socialista (MES/PSOL).

Coordenação Nacional do MES 22 jun 2022, 12:38

Coordinación Nacional del MES, 5 de junio de 2022

Estamos en vísperas de una nueva batalla electoral, que ya domina la coyuntura política nacional; y esta batalla se encuadra en un escenario más general: la profundización de la guerra en Ucrania, a partir de la criminal invasión rusa, que pone en alerta al planeta, temeroso de una escalada global. Los efectos de la guerra amplificaron el hambre y la desigualdad en todo el planeta. Los últimos dos años han estado marcados por la pandemia de Covid-19 que, aunque hemos superado su punto máximo en Brasil, continúa devastando regiones enteras del mundo, como lo ilustran los recientes cierres en China.

Brasil es parte de las contradicciones generales: aquí tenemos un gobierno de extrema derecha, a raíz de una dinámica internacional, el empeoramiento de las condiciones de vida de grandes sectores de la población y una tensión política eminente, producto de la crisis general.

En ese contexto, nuestra VII Conferencia Nacional MES, realizada a fines de noviembre de 2021, definió que estamos en una situación de “transición”, donde la tarea principal era liderar una lucha incesante para sacar a Bolsonaro del gobierno.

Desde entonces hemos seguido profundizando en esta orientación, ahora renovada por los elementos más recientes, como la decisión del PSOL de no presentar candidatura propia en 1ª vuelta, a la que nos oponíamos, y el aumento creciente de la polarización electoral.

Seguimos con la fuerza de quienes protagonizaron el primer pedido de juicio político, con más de un millón de firmas y fuimos parte activa de las luchas callejeras por Fora Bolsonaro, aun cuando sectores apelaron a no salir a la calle.

En este breve documento nacional queremos presentar nuestra interpretación de la realidad y las tareas que nos comprometen en el necesario combate.

  1. La guerra y la crisis multidimensional

La catástrofe de la guerra es paralela a otros dos procesos que aceleran las contradicciones del capitalismo contemporáneo: la crisis ambiental estructural y la pandemia del coronavirus. Los efectos generales de la pandemia de covid-19 cambiaron los hábitos y rutinas de miles de millones de personas, llegando a casi 7 millones de muertos oficiales, cifra que debe ser mayor, si tenemos en cuenta las dificultades de control sanitario en los países más pobres. China está bajo fuertes bloqueos.

Para entender la guerra, sus causas y consecuencias, es importante caracterizarla y recurrir a conceptos como el de crisis multidimensional que venimos utilizando a partir del aporte de la Cuarta Internacional. Las diversas dimensiones combinadas de la crisis son parte de un contexto aún más amplio de crisis del imperialismo estadounidense y desorganización geopolítica evidentemente expresada por la reciente invasión rusa de Ucrania.

Los marcos generales se pueden expresar en las siguientes características:

  • Existencia de una crisis económica y social en el mundo, con reducidas posibilidades del capitalismo para garantizar mejores condiciones de vida. Por el contrario, vemos más desamparo, hambre, miseria, contracción de salarios, desempleo, guerras y olas migratorias. Como analiza Michael Roberts, tenemos por delante la posibilidad de una década de depresión económica que abre un panorama sombrío, aunque dentro de este contexto más amplio pueden presentarse periodos de crecimiento y eventuales crisis en determinadas regiones del planeta y sectores económicos.
  • Una profunda crisis ambiental que adquiere cada vez más las características de una emergencia a partir del llamado “punto de no retorno” del calentamiento global, señalado por algunos científicos para esta década. El cambio climático en el planeta ha provocado cambios en el acceso al agua, en la productividad del suelo, en la multiplicación de eventos extremos, entre otros ejemplos, que inciden directamente en los nuevos flujos migratorios globales de “refugiados climáticos” principalmente de Centroamérica, África y Asia. Por otro lado, también se fortalece un movimiento mundial de jóvenes contra la crisis climática que tuvo expresiones masivas antes de la pandemia.
  • La pandemia también puso en evidencia la crisis sanitaria derivada de la cada vez más profunda ruptura metabólica entre la humanidad y el planeta, dando lugar a una “nueva normalidad” en la que están a la orden del día nuevas ondas pandémicas a escala global, propagadas rápidamente por una intenso flujo de circulación mundial de personas y mercancias. El tema del trabajo de cuidado y la reproducción social se vuelve aún más central en este contexto, evidenciando la profunda racialización y el sesgo de género de los trabajadores mal pagados que en su mayoría se ubican en este lugar de la división social del trabajo.
  • Existe una profunda división en las clases dominantes, que se expresa en el fortalecimiento de la extrema derecha frente a los liberales en la disputa por el destino de los regímenes burgueses. La crisis de las democracias liberales burguesas se desarrolla en una dinámica de polarización y vaciamiento de los centros políticos, lo que también indica posibilidades para la izquierda radical. Además, esta división también se expresa en la ausencia de una potencia hegemónica y en la competencia entre EE.UU. y China, cuyo desenlace está abierto.
  • Todo esto se combina con una crisis en la dirección del movimiento de masas y el programa comunista. Persisten las dificultades de la reorganización internacional de los revolucionarios, aunque existen importantes iniciativas en este sentido dentro y fuera del ámbito de la Cuarta Internacional. La falta de una alternativa política revolucionaria identificable por la mayoría de la clase trabajadora a menudo conduce al fortalecimiento de viejas y nuevas salidas oportunistas, a menudo como expresiones distorsionadas de procesos genuinos de lucha social y resistencia democrática.

I.1 La guerra es un gran cambio en la situación mundial

La invasión rusa del territorio ucraniano es una agresión sin precedentes. Como parte de la línea expansionista del imperialismo ruso, los tambores de guerra vuelven a estar presentes en Europa. Este es un cambio en la situación política.

Ante la agresión rusa, situando un nuevo teatro de operaciones en Europa del Este, hicimos una definición sobre el carácter de la guerra:

“La escalada de la invasión militar rusa a Ucrania ya deja claras las verdaderas intenciones de Vladimir Putin: impulsar una guerra imperialista por la anexión de territorios y el restablecimiento de un régimen títere de Rusia como el que controlaba el país antes de 2014. Putin no acepta la autodeterminación del pueblo ucraniano y ya se ha declarado públicamente en contra de un estado independiente, utilizando la guerra para hacer valer sus intereses imperialistas en la región y repitiendo la misma violencia aplicada en la invasión georgiana y en colaborar con la represión promovida por las dictaduras de Bielorrusia y Kazajstán contra su propio pueblo.” [1]

La agresión imperialista rusa contra Ucrania ha durado casi cien días. La guerra mueve el planeta. Después de rondas de negociaciones, se frustraron los intentos de alto el fuego. Algunos “corredores humanitarios” establecidos en las primeras conversaciones fueron bombardeados. Ya hay más de 5 millones de refugiados de guerra. El conflicto se desarrolla mientras se cierne la sombra de la acción nuclear, siempre pregonada por el chovinismo gran ruso de Putin.

Contrariamente a lo que pronosticaron Putin y algunos de los principales analistas militares, no hubo una “guerra relámpago”, con la caída de Kiev en pocas semanas. Macron incluso ofreció a Zelesnki el exilio al comienzo de la agresión militar, a lo que él se negó, actuando para liderar la resistencia. Y fue la resistencia de cientos de miles de civiles, en verdadera acción de masas contra el agresor externo, lo que detuvo la ofensiva del Kremlin. La acción de Putin se basó en el supuesto de que Ucrania no debería existir, atacando a Lenin y su defensa del derecho de los pueblos a la autodeterminación durante el anuncio de la “operación militar especial”.

I.2 Las secuelas de la guerra

Además de los efectos más inmediatos sobre la población ucraniana, obligada a abandonar las regiones directamente afectadas por la ocupación rusa, la guerra tiene importantes impactos económicos. Considerando que el escenario anterior ya era de un aumento de los conflictos comerciales entre China y EE.UU., la guerra profundiza una situación de crisis que ya era grave, con impacto global.

Además del impacto en el suministro de gas al continente europeo, la consecuencia más grave es la crisis alimentaria. El Banco Mundial apunta a la posibilidad de una crisis mundial de suministro de alimentos dado que Rusia y Ucrania concentran el 30% de las exportaciones de trigo y el 20% de las exportaciones de maíz a nivel mundial, además de una gran parte de la producción de fertilizantes. El índice de precios de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) aumentó un 12,6 % solo en el primer mes de la guerra, lo que repercutió en la inflación en todo el mundo. Se trata de una escalada de la inflación que afecta profundamente a los países de África y el sur de Asia, y en especial a los estratos más pobres de la población, que destinan a la alimentación tajadas cada vez mayores de sus ingresos.

Es importante señalar que la guerra y las consecuencias de la pandemia del Covid-19 ya han encontrado a la economía mundial bajo los efectos de la crisis de 2008. China, la “locomotora” de la economía global, ya se está desacelerando, situación que empeora con los nuevos lockdown. En los EE. UU., la situación tampoco es diferente, la principal economía del mundo también está luchando por reanudar el crecimiento.

El escenario es mundial de reanudación de la inflación: 7,9% en EE.UU., 5,9% en la Eurozona, 9,2% en Rusia y más del 12% en Brasil. Los gobiernos de las principales economías toman medidas para contener la inflación, pero como afirma Michael Roberts, estas medidas no son:

“para ayudar a sostener el empleo y el crecimiento económico (…). Esto se debe a que la inflación es el principal enemigo del sistema bancario. Los acreedores y los prestamistas pierden si aumenta la inflación, mientras que los deudores y los prestatarios ganan. Y los bancos centrales se crearon para apoyar el sector financiero y su rentabilidad y no mucho más.” [2]

Si bien el escenario de una escalada bélica no se presenta como una tendencia, debido a que varios países involucrados tienen armas nucleares, los efectos de la guerra en territorio ucraniano ya son devastadores, ya que enfrentan un escenario previo de crisis, desempleo, inseguridad alimentaria y devaluación de los salarios. Una crisis para la que no hay una salida visible a corto y medio plazo.

Como decíamos, el escenario mundial ya está alterado por la guerra. Cualesquiera que sean las perspectivas, se plantea la cuestión de un mayor desorden y caos, del orden mundial ya en crisis. En la lucha interimperialista concreta (por un lado, EE.UU. y la OTAN y, por otro, Rusia en su relación con Ucrania), a la larga no hay otra ganancia que mayor desorden en el orden mundial. En las perspectivas más concretas, hay dos escenarios posibles. O una prolongación de la guerra, o un pacto de armisticio y statu quo, en el que Rusia retendría la región oriental que ya ha ocupado y tiende a consolidarse militarmente. La idea de Biden de una derrota total de Putin parece desvanecerse ante la situación concreta y la imposibilidad actual de que las tropas ucranianas impongan una retirada.

Pero esta es una salida intermedia, ya que significa la derrota del primer plan de Putin de ocupar todo el territorio y de un gobierno títere, pero con su control de la región Este. Esta política es la que parece defender un sector del imperialismo, en particular Alemania, que es la más afectada por la guerra. Esta salida pospone la lucha por la autodeterminación del pueblo ucraniano, pero no la quita de la agenda de las aspiraciones de las masas que luego volverán a la lucha; posiblemente, de inmediato contra el ultraliberalismo de Zelensky, que gana prestigio por su postura frente a la guerra, pero sigue acosado tanto por la imposibilidad de una victoria militar total contra Putin como por la extrema derecha que ha reforzado su resistencia a la invasión tras su declive político en los últimos años.

I.3 La izquierda y la guerra

Nuestra corriente ha estado al frente de la construcción de actividades contra la guerra, difundiendo la declaración de la Cuarta Internacional y agrupando a diferentes sectores que rechazan el campismo que reduce las críticas a Putin. Hemos realizado una serie de iniciativas, actos en consulados y embajadas y un gran acto internacional online, que reunió a líderes de organizaciones socialistas de más de quince países, contra la agresión a Ucrania. A través de la Red Emancipa tomamos contacto con el Movimiento Social Ucraniano, una pequeña organización socialista que hoy es la principal agrupación de izquierda en el país, además de la Revista Commons, principal iniciativa editorial de la izquierda ucraniana que conforma una red internacional en la que también estará la Revista Movimiento.

Enviamos un cuadro de la secretariado nacional para hacer contactos con la izquierda polaca, como puerta de entrada a la izquierda en Europa del Este. Regresaremos a Polonia en junio, para el congreso del Partido Razem, donde seguiremos priorizando las relaciones y la construcción con grupos de Ucrania, Polonia, Rusia y el resto de Europa del Este.

En este escenario se hizo evidente el acierto de nuestro ingreso a la IV Internacional. La IV jugó un papel fundamental en la lucha contra las posiciones campistas, en la defensa del internacionalismo militante y en la lucha ideológica que es fundamental para conformar una nueva generación de líderes socialistas en todo el mundo, una generación que no enfrentó los escenarios de guerras que tuvimos a lo largo del siglo XX. Esta posición de principios también difería de las políticas abstractas de sectores internacionalistas que denuncian la guerra, pero no son consecuentes con apoyar la resistencia ucraniana y están en contra del envío de armas.

En Brasil, se destacó el atraso de la vanguardia en el debate internacionalista, con mayor repercusión de las posiciones neoestalinistas. No podemos sobreestimar el alcance de estas posiciones, pero el combate ideológico firme es fundamental para la disputa, formación y preparación de la vanguardia en un contexto en el que las disputas, las guerras y los conflictos deben hacerse más presentes. La formalización de la solicitud de ingreso en la OTAN por parte de Finlandia y Suecia son factores que pueden apuntar a la continuidad de las tensiones en la región.

Hay mucho espacio para posiciones internacionalistas en la vanguardia. Si en Brasil existe el mencionado retraso, en Europa vimos manifestaciones de solidaridad con el pueblo ucraniano que congregaron a decenas de miles, en algunos lugares superando las 100 mil personas, como en Berlín.

Finalmente, es importante relacionar el crecimiento de la extrema derecha a nivel global con la crisis económica y las “salidas” que han venido buscando los gobiernos de las principales economías mundiales, reforzando medidas proteccionistas que impulsan una ideología nacionalista, en el sentido contexto de intensificación de la guerra comercial y crisis económica. Así como la crisis económica demuestra ser duradera, sus efectos, incluyendo el surgimiento y fortalecimiento de la extrema derecha en varios países del mundo, también son un fenómeno de mediano a largo plazo.

I.4 Una reorganización mundial de las fuerzas revolucionarias

La guerra en Ucrania ha acelerado el debate de la izquierda mundial de forma mucho más aguda de lo que era antes. El debate entre campistas e internacionalistas se ha vuelto mucho más claro. Toda guerra de trascendencia provoca este proceso (basta recordar la primera guerra mundial y la degeneración de la socialdemocracia). A pesar de las enormes diferencias, esta guerra mostró de manera desnuda el rostro del nuevo neoestalinismo totalitario y “fascistizante” de Putin, inspirado en la ideología reaccionaria de Alexander Dugin y que es apoyado, o visto con simpatía, por un sector del campismo que se alinea como antiimperialista frente al objetivo del totalitarismo neoestalinista en Rusia, China, Nicaragua y Venezuela. Esta guerra abrió la necesidad de un reagrupamiento objetivo entre las fuerzas internacionalistas, y en este sentido la IV tiene un papel importante a ser jugado.

La campaña que estamos realizando, de solidaridad con los presos políticos de la dictadura orteguista desde una posición de izquierda y antiimperialista, ayuda en este proceso.

El viaje al Este se enmarca en la hipótesis de fortalecer un programa trotskista y el reagrupamiento de núcleos revolucionarios internacionales, a lo que contribuimos desde nuestra ubicación en la IV, a construir una organización superior, en programa, adhesión y fuerzas militantes a la actual diáspora del trotskismo. En este sentido, también cabe destacar la relación con otros grupos además del IV, como la propia polaca Razem, La Aurora del Estado español, el MAS portugués, la estadounidense Bread & Roses/DSA, entre otros.

  1. Nacional: la polarización domina la situación política

Como hemos definido, el sello de la situación nacional es el crecimiento de la polarización en medio de la profundización de la crisis económica.

La discusión sobre la situación política nacional y la elección están relacionadas, pero no son exactamente lo mismo. Discutiendo la coyuntura política nacional, también discutimos la dinámica económica, la correlación de fuerzas entre las clases sociales, las estrategias de los sectores de clases y partidos políticos sobre esta coyuntura en la que la elección es una parte muy importante también porque ocurre dentro de poco tiempo.

La situación política no se limita a las elecciones, ya que tenemos en Brasil el marco de un gobierno que por primera vez, después de muchos años, intenta organizar la militancia en una estrategia política para cambiar el régimen político, cambiar la forma de dominación de la burguesía creando un régimen político en el que la represión se institucionaliza más de lo que está hoy. A pesar del fracaso de esta estrategia de extrema derecha para alcanzar sus principales objetivos (cierre del régimen, creación de un partido), la cristalización de un núcleo de derecha radical con un importante peso de masas y capilaridad en las fuerzas policiales y armadas representa un elemento permanente en la correlación de fuerzas brasileña.

El sondeo electoral divulgado por Datafolha la semana pasada fue un hecho nuevo en la coyuntura. Lula lidera con el 48% de las intenciones de voto, frente al 27% de Jair Bolsonaro. Se abre la posibilidad de la victoria de Lula en la primera vuelta.

II.1 Crisis social y económica como telón de fondo

Estamos viviendo una profunda crisis social y económica, desde 2014 Brasil vive con una realidad de estancamiento. La falta de crecimiento se ha reflejado tanto en la tasa de desempleo como en la calidad de los empleos generados. La generación de empleos en Brasil se ha dado especialmente con trabajo informal, de plataforma, parcial o trabajo “por cuenta propia”. Aún con una ligera reanudación de la ocupación con el repliegue de la pandemia y las medidas sanitarias, hoy la tasa de desempleo supera el 11%, con más de 11 millones de desocupados, además de la subutilización, que afecta al 23% de la población ocupada.

Esta situación se agrava en un escenario de descomposición de los ingresos laborales, con el crecimiento de la inflación, que erosiona el poder adquisitivo de quienes aún mantienen alguna ocupación. La inflación se mantiene alta, el IPCA de los últimos 12 meses es de 12,13%, pero la situación es aún más grave para la población más pobre, pues la inflación de alimentos, desde el inicio de la pandemia en 2020, ya alcanza casi el 40%.

El escenario económico no muestra signos ni perspectivas de recuperación. La profunda crisis en la que se encuentra Brasil, al menos desde 2014, no tiene perspectivas de crecimiento, incluso porque el país se encuentra en un amplio y profundo proceso de desindustrialización, que hace retroceder la estructura productiva nacional, haciéndola especializarse cada vez más para la producción de commodities.

La crisis social es impresionante. Volvemos a un escenario sombrío en términos de inseguridad alimentaria. Después de décadas, el hambre vuelve a la realidad. Un sondeo realizado durante la pandemia muestra que 116,8 millones de brasileños no tenían acceso pleno y permanente a alimentos. De estos, 43,4 millones (20,5% de la población) no tenían suficientes alimentos (inseguridad alimentaria moderada o severa) y 19,1 millones pasaban hambre. El aumento del 31% en personas sin hogar en la ciudad de São Paulo, a lo largo de más de dos años de pandemia, es otro trágico indicador de la crisis social.

La estructura de este escenario de crisis está marcada por la racialización de la clase obrera brasileña, que se expresa en los negros como más de las dos terceras partes de esta población desempleada y en muchos otros ejemplos, y afecta con mayor dureza a las mujeres negras. La política genocida de seguridad pública utiliza la falaz justificación de la guerra contra las drogas para militarizar las periferias, criminalizando la pobreza y ejecutando sistemáticamente a jóvenes negros.

Brasil vive un fenómeno de “decadencia” en el escenario internacional como país debido a la desindustrialización y al modelo depredador basado en exportaciones de bienes de bajo valor agregado, hipertrofia de la soja, ganadería extensiva y minería depredadora. La crisis del campo brasileño es análoga a la falta de alimentos en la ciudad.

Todo esto se da en un contexto de profundización también de una política ecocida que apuesta por la ampliación de las fronteras agrícolas, por el envenenamiento del suelo y por la disposición de residuos, profundizando el impacto socioambiental y afectando a la población en su conjunto. Esta política de Bolsonaro fue expresada notablemente por el exministro Ricardo Salles y colocó a Brasil en el debate internacional de manera desmoralizadora.

A principios de 2022 tuvimos una ola de huelgas de funcionarios municipales. Es una realidad que deberá persistir y profundizarse para el año que viene, dada la reanudación de actividades y la mencionada pérdida de poder adquisitivo de los salarios, con el retorno de la inflación.

Lo importante aquí es señalar que el escenario de crisis económica no tiene perspectivas de mejora en el corto y mediano plazo. Esto plantea la posibilidad (e incluso una tendencia) de nuevas oleadas de luchas económicas, de nuevos sectores entrando en escena.

II.2 El bolsonarismo redobla la apuesta golpista

Es fundamental, para analizar la escalada golpista de Bolsonaro, comprender el momento en el marco de la crisis abierta en 2013. No en el sentido que el PT y sus satélites dan a las jornadas de junio, sino entendiendo que junio provocó una profunda fractura en el régimen burgués brasileño, que era manejado con relativa estabilidad por los gobiernos del PT. Lo que evidenció junio/13 fue la incapacidad del PT para gestionar el descontento. A partir de junio, una parte importante de la burguesía brasileña rompió con el PT y comenzó a buscar otros proyectos de gestión para sus empresas.

Bolsonaro es el resultado de una situación que terminó convertiendo una parte de la política burguesa, porque es un político burgués que se organizó con sectores burgueses con un proyecto de extrema derecha. Y este proyecto tiene una fracción militar expresada en más de 6 mil puestos de confianza que hay en el gobierno. Es parte de un fenómeno mundial, la extrema derecha existe en todo el mundo, pero no está gobernando en todas partes. Por eso Bolsonaro es muy ejemplar, porque aquí manda la extrema derecha. Gobierna en Brasil, gobierna en Polonia, en Hungría, en Filipinas. Intentó ganar las elecciones francesas y perdió. En pleno mandato de Bolsonaro, la derrota de Donald Trump en Estados Unidos fue un factor de desestabilización del gobierno.

Por otro lado, la incapacidad de Bolsonaro para gestionar negocios y su apuesta por incrementar la barbarie policial como política de seguridad pública generó profundas divisiones en la burguesía que lo apoyaba. En el primer año de gobierno, Globo y otros medios, como Folha S.Paulo, representantes de partes importantes de la burguesía brasileña, rompieron con el gobierno y se pasaron al campo de la oposición. Las rupturas de sectores burgueses con Bolsonaro también se expresaron en la política nacional, con la salida de Moro y luego de Mandetta del gobierno. El hecho importante a tener en cuenta es que no hay unidad de la burguesía brasileña en torno al proyecto de cambio de régimen representado por Bolsonaro, y eso importa.

Algunos dicen que no se trata de si Bolsonaro intentará o no una embestida -o su “asalto al capitolio”- sino de “cuándo” lo hará. Esta posibilidad está directamente ligada a futuras negociaciones intraburguesas para la posible transición de gobierno. Para enfrentar el riesgo que representa esta situación, es necesario apostar por la movilización masiva, en las calles, no sólo electorales y al inicio de la paciente explicación al movimiento de masas de la necesidad de construir su autodefensa.

II.3 La “tercera via” camino a un naufragio

La crisis alternativa, que siempre hemos analizado desde el punto de vista de la clase obrera, también se verifica y profundiza desde el punto de vista de la burguesía. La mayor expresión es la crisis de la autodenominada “tercera vía”, crisis, en primer lugar, del PSDB, partido que mantuvo la hegemonía de la política burguesa en Brasil desde mediados de la década de 1990.

Las dificultades de este sector más tradicional de la derecha brasileña, representado principalmente por PSDB, DEM (ahora União Brasil) y MDB, se remontan a 2018, cuando una parte de estos sectores se unieron por la victoria de Bolsonaro. BolsoDoria fue una expresión de esta unidad. Parte de los sectores que se referían a los partidos tradicionales de la derecha brasileña, tras la unidad de 2018, siguen con Bolsonaro. Doria se pasó al lado opositor, el gobernador de Río, Wilson Witzel, terminó siendo destituido, lo que aumentó la ruptura entre los sectores burgueses y la pérdida de espacio de Bolsonaro en la superestructura.

El estancamiento de la “tercera vía” se produce en momentos en que la disputa electoral empieza a tomar forma, con Bolsonaro apostando todo a la relativa recuperación de las últimas encuestas para garantizar su pase a la segunda vuelta, aunque sus posibilidades de victoria final están cada vez más distantes. Así, Moro abandonó la disputa y João Doria anunció su retiro tras ver su candidatura implosionada por la propia dirección del PSDB. Ahora, están en juego las candidaturas de Simone Tebet –muy cuestionada por no ser un nombre expresivo y porque los “viejos zorros” del MDB ya están con Lula, como Calheiros, Barbalho, Eunicio y hasta Sarney– y Bivar. El ya minúsculo espacio de Ciro también comienza a menguar, saludando a la burguesía en torno a la derecha tradicional y peleando con las armas que tiene para mantenerse en la disputa, hasta ahora.

Por otra parte, ante la tragedia del actual gobierno, parte de la burguesía se vuelca paulatinamente a la candidatura de Lula, viendo en el expresidente la posibilidad de derrotar a Bolsonaro. La presencia de Alckmin en la fórmula presidencial tiene ese sentido y ese significado. El bloque PSDB-DEM, que hegemonizó la representación burguesa en el período de la Nueva República, fue vaciado, por un lado, por el bolsonarismo y, por otro, por el frente formado por Lula.

II.4 El PT, su estrategia y ubicación política

En el campo electoral, el partido democrático burgués acordó hacer un acuerdo con el PT. O mejor dicho, rehacer su acuerdo con el PT. Parte de eso fue la operación en el STF (Corte Suprema) para sacar a Lula de prisión y la anulación de los procesos de Curitiba, a partir de la valoración de que sería el único con capacidad electoral para derrotar a Bolsonaro. Desde entonces, Lula lidera las encuestas. Recientemente lanzó la fórmula Lula-Alckmin, que es un acuerdo muy potente. La pieza Alckmin en el ajedrez de Lula no es una pieza menor, es el gobernador de São Paulo desde hace 16 años. Desempeñará un papel clave en la campaña, así como un papel clave en un eventual gobierno.

No es un acuerdo expresado públicamente, pero es el acuerdo entre Lula y FHC, el acuerdo de quienes construyeron la Nueva República. El objetivo es refundar la Nueva República y evitar que el bolsonarismo avance en un proceso de cambio de régimen.

Lula cumple dos roles. Por un lado, tendrá que hacer de su boleta una boleta cada vez más en el frente democrático burgués, casi de unidad nacional para poder derrotar a Bolsonaro. Como falla la tercera vía, estos sectores tienen que definirse de un lado o del otro.

Lula hará el esfuerzo de ser aún más representativo de los intereses burgueses. El trabajo de Lula es ganar las elecciones y sobre todo desmantelar el proyecto golpista de Bolsonaro. Es un trabajo de construcción dentro de las instituciones, el Supremo Tribunal Federal, con los gobernadores aliados, con relaciones en las fuerzas armadas y la policía, en fin, dentro del conjunto de instituciones del Estado burgués para amedrentar al bolsonarismo y no dejar que lleve su carta golpista hasta las últimas consecuencias.

La tensión que se respira es sobre qué harán con el proyecto golpista de Bolsonaro, cómo será el intento de convencerlo de que no dé ese paso. Esta será una lucha de las “instituciones”, para, si es posible, frenar a Bolsonaro.

La “vía Lula” es parte de este proceso. Lula ya tiene la confianza del mercado y especula con un interlocutor: Pérsio Arida. Economista de confianza de FHC, uno de los padres del Plan Real. El gobierno será aceptado como un gobierno al servicio del capital, dentro de los intereses generales de los capitalistas brasileños.

  1. El PSOL y los dilemas de la izquierda radical

III.1 La adhesión acrítica al lulismo

El 30 de abril, el PSOL definió su apoyo a Lula-Alckmin en la primera vuelta. Esa no era nuestra posición. Como dijimos durante el último período en que el PSOL realizó este debate, nosotros mismos consideraríamos esta hipótesis en un escenario en el que Lula tuviese dificultades para pasar a la segunda vuelta. Asimismo, guiados por la necesidad de derrotar a Bolsonaro, también consideraríamos esta hipótesis en un escenario en el que Lula podría salir victorioso en la primera vuelta. Este punto es importante señalar que el apoyo a Lula en la primera vuelta, aunque sea un error en un escenario en el que Lula lidera la carrera electoral, no significa, en sí mismo, un cambio en la naturaleza del PSOL.

La cuestión que surge para el PSOL tras la definición de apoyo a Lula es la de no diluirse. Ese es el desafío: actuar en el presente, en la campaña de Lula, pero preparándose ya para futuros enfrentamientos. No es una tarea sencilla, ya que la mayoría actual del PSOL está formada por organizaciones que no tienen la misma comprensión del papel que debe tener el PSOL, a saber, construir una herramienta para la lucha política de la clase que supere al PT por la izquierda, con un perfil anticapitalista e independiente. Son organizaciones que no fundaron el PSOL, y lo decimos no por mera demarcación, sino porque este hecho revela esa diferencia estratégica fundamental sobre si es necesario o no hacer del PSOL un proyecto de superación del PT.

Y esto no es cualquier diferencia. Está en la base de las diferencias partidistas sobre qué relación establecer con la campaña de Lula y con el PT. Organizaciones como Primavera Socialista y Revolución Solidaria no tienen diferencias programáticas con el PT, ya que su ingreso al Partido, cada una en su momento, defendió el programa “democrático popular”. Esto tiene dos ramificaciones: primero, en la relación que establecen con la campaña de Lula (que ahondaremos más adelante); segundo, en su posición de defender la participación en el probable próximo gobierno (de hecho, como ya defienden la participación en los gobiernos del PT en los municipios, incluso donde hay participación de partidos de la derecha tradicional). No es casual, por lo tanto, que su posición de apoyo a Lula tome la forma de una total adhesión al discurso y proyecto del PT, de “reconstruir el país”.

III.2 Diferencias entre votación crítica y acuerdos programáticos

Dada nuestra definición de cumplir con la resolución de la Conferencia Electoral del PSOL, es necesario desarrollar nuestra posición sobre nuestra participación en la campaña de Lula, las diferencias en el PSOL también residen en este punto.

Como decíamos en los puntos anteriores, estamos atravesando una profunda crisis económica mundial, agravada por la crisis climática, la pandemia del Covid-19 y, más recientemente, la guerra en Ucrania. Esta realidad, sumada a la caracterización del eventual gobierno Lula-Alckmin, señala que este posible próximo gobierno no atenderá las necesidades de la amplia masa de la población que, como también se señaló anteriormente, sufre desempleo, precariedad, hambre y inflación. La situación económica es muy diferente de aquella en la que gobernó Lula por primera vez.

Si en el período 2003-2010 Lula ya patrocinó ataques a la clase trabajadora, como la Reforma Previsional de 2003, la entrega de bienes públicos a intereses privados, los ataques a los funcionarios públicos y una política ambiental guiada por la explotación depredadora de la naturaleza, como en los proyectos de Jirau, Santo Antônio y Belo Monte, por qué abrigar la ilusión de que en 2023 podríamos tener un gobierno “progresista” manteniendo el trípode macroeconómico, que reprodujo el diseño institucional del Plano Real, mencionado en el texto anterior. Dadas las conversaciones con Arida, ¿puede fortalecer el argumento de la continuidad? No podemos ser parte de los que engañan a la clase obrera.

Como dijimos en nuestro editorial posterior a la Conferencia Electoral [3], sólo podemos apostar por la fuerza del pueblo movilizado, los sindicatos, los movimientos sociales rurales y urbanos, la fuerza de las mujeres, los negros y la juventud. No podemos sembrar ilusiones, como provocar una supuesta “disputa por un programa de izquierda para Lula”.

En la actual mayoría de la dirección del Partido, lo que vemos es exactamente lo contrario. Declaraciones de que el papel del PSOL es elegir una bancada fuerte para “ayudar a gobernar”, o referencias a un eventual gobierno Lula-Alckmin como “nuestro gobierno”, adhesión a consignas del PT que dicen que elegir a Lula significa tener “un Brasil feliz de nuevo”, como si esa hubiera sido la realidad durante los gobiernos del PT.

El PSOL, y especialmente nuestra organización, no puede avalar este discurso. Tenemos que decir las cosas como son. Nuestro voto por Lula es, ante todo, un voto contra Bolsonaro. No podemos ser parte de los que reafirmarán el liderazgo de Lula sobre la clase obrera porque eso va en contra de la política que tendremos que llevar a cabo en el período posterior. En ese sentido, hablar de gobernar juntos, como lo hacen Primavera Socialista y Revolución Solidaria, es inaceptable, engañar al movimiento de masas sobre lo que representa Lula y cuál es su proyecto, hablar de “disputar el programa de gobierno”, como lo hace la Resistencia, también es un error.

III.3 Espacio para la izquierda, polarización y lucha política

En cierta medida, el movimiento en torno a la candidatura de Lula tendrá el carácter de un amplio movimiento democrático, de rechazo al gobierno de Bolsonaro y la tragedia que significó sus cuatro años de gobierno. Todavía es demasiado pronto para precisar la dimensión de este movimiento.

Incluso sin precisión, podemos señalar algunas tendencias.

El trauma que significó el gobierno de Bolsonaro, más allá de la realidad objetiva, tuvo un gran impacto en la subjetividad de la clase, implicando un retroceso en el nivel de conciencia del movimiento de masas. Por lo que vemos hasta ahora, la mayor parte del movimiento de apoyo a Lula también tiene un carácter de apoyo programático, apoyo a las alianzas, apoyo a la retirada programática. Reflejan la propia formulación del PT, que pretende “combatir” a la extrema derecha con cada vez más moderación. No podemos olvidar que la experiencia con el PT en el gobierno fue interrumpida por el juicio político a Dilma. Hay una acumulación de esa experiencia, dado que el PT gobernó durante 14 años, pero no se completó. Eso explica la adhesión de buena parte de los que apoyan a Lula al proyecto de conciliación. Esta porción solo debe avanzar en la conciencia a partir de una nueva experiencia, a partir de 2023.

Sin embargo, como se mencionó, la experiencia con los gobiernos del PT sí existió. Junio ​​de 2013 existió. Y no hay experiencia en vano. Buena parte de esos sectores también formarán parte de la campaña de Lula. Habrá una parte de los simpatizantes de Lula que estarán a la izquierda del PT. De hecho, ya lo son. Son sectores que impulsaron las luchas del último período, desde junio de 2013, a través de la primavera de las mujeres, la huelga general de 2017, el #EleNão, el Tsunami de la Educación, el levantamiento de la negritud y los movimientos antifascistas. Lucharon contra Bolsonaro incluso cuando la dirección del PT dijo que no era el momento de las movilizaciones.

Habrá espacio, incluso dentro de la campaña de Lula, para organizar un sector radicalizado, que apoya a Lula simplemente porque quiere “deshacerse” de Bolsonaro, pero que quiere un programa radical. Este sector, aunque minoritario, puede ser organizado por el PSOL, por nosotros, o, a falta de portavoces de sus aspiraciones, ser conquistado por la política de conciliación. Es fundamental que nuestras figuras, nuestra militancia, nuestros candidatos y candidatas, vocalicen esta posición de votar por Lula contra Bolsonaro, sin ilusiones, y sabiendo que el futuro será de confrontación con el gobierno del PT. Esto es lo que en nuestra tradición llamamos política de unidad y confrontación. La organización de este sector a partir de ahora será decisiva para nuestra capacidad de disputar el rumbo del movimiento de masas en el período subsiguiente.

Desde el punto de vista de la izquierda fuera del PSOL, el espacio será pequeño, no sólo por las dificultades legales, que sacan al PSTU, UP y PCB de los debates y del tiempo televisivo, sino también por la polarización real que se está imponiendo. Sumado a esto, también vale la pena mencionar la línea política autoproclamatoria de estos sectores, como la UP que impidió la unidad con el PSTU y Conlutas en medio de la asamblea de Povo na Rua, durante las luchas Fuera Bolsonaro. Por lo tanto, no habrá una, sino dos o tres candidaturas más pequeñas, sin espacio mediático ni político, incapaces de unirse en un polo. Lo que no quiere decir que no debamos buscar estos sectores para las luchas futuras o para las batallas callejeras, como las listas sindicales y estudiantiles, nuestra tarea constante.

El PCdoB tendrá otro problema, que con todo su peso entre la juventud y en los espacios gremiales y sociales, tendrá dificultades en la expresión pública por su ubicación en la federación -bastante asimétrica- con el PT y el PV. Las críticas que sectores internos de este partido hicieron al hegemonismo del PT se verificarán en la práctica, provocando desórdenes al perfil e identidad del PCdoB, de cara a los próximos gobiernos.

Lo que sí decimos es que la mejor ubicación es postular un espacio independiente, basado en el PSOL, con su propio perfil programático y anticapitalista. Así nos postularemos en las elecciones y en el movimiento de masas. En este sentido, la aprobación de la federación con la Rede garantizando la autonomía de los partidos y las posibilidades de expresión democrática de sus diversas fuerzas políticas fue importante para ayudar a garantizar el importante espacio institucional que el PSOL debe seguir manteniendo.

III.4 Nuestra ubicación

Como se dijo, aún no es posible precisar las proporciones de movimiento que adquirirá la campaña de Lula. Si el reciente viaje de Lula a la Unicamp reunió cerca de 10.000 jóvenes, apuntando a esta posibilidad, los actos de calle del 9 de abril fueron “tibios”, reunieron a poco más de 3.000 a 5.000 personas en São Paulo, reflejando la política del PT de realizar una campaña “fría”. Puede ser que a medida que se acerque el período electoral, aumente la movilización. Podemos decir que esta es la tendencia. Incluso si esto se confirma, será más una iniciativa “desde abajo”, como la campaña “cambie su voto” de la segunda vuelta de 2018, que necesariamente una política de la dirección del PT para motivar este tipo de campaña.

Seremos parte de la campaña de Lula, como ya dijimos, pero eso no significa simplemente sumarnos a todos los espacios de campaña organizados por el PTismo. En realidad, por el contrario, tenemos que promover, como prioridad, espacios propios de campaña, con nuestro programa y nuestra identidad, que expresen y vocalicen el perfil que afirmamos que existe, de un sector radicalizado de izquierda, que quiere derrotar a Bolsonaro, que estuvo en las movilizaciones del último período y que votará por Lula para ese fin. Tenemos que buscar ser la expresión electoral de este sector.

Construiremos la campaña de Lula desde el eje de la lucha contra Bolsonaro, sin diluir y siempre demarcando nuestro perfil y programa, como la reciente postura de Luciana Genro y el PSOL de Rio Grande do Sul en la actividad realizada con Lula. Nuestra apuesta constructiva no será principalmente en los espacios formales de la campaña del PT, pero tampoco adoptaremos una postura sectaria frente al amplio movimiento democrático que puede desarrollarse en torno a la campaña. En este sentido, nuestras acciones siempre deben valorar la combinación de la amplitud de actividades de esta campaña y el espacio que tendremos para dar a conocer y defender nuestra política.

El punto más fuerte de Lula es su negación de Bolsonaro, que es el más poderoso porque es la alternativa electoral concreta, pero también por el poder de movilización. Esa energía que trae de ser el único que puede derrotar a Bolsonaro es lo que ilusiona a la juventud, que es el sector más poderoso de las campañas del movimiento de calle. Este es un punto muy importante porque la juventud contagia al sector más avanzado del sindicalismo. Así ha sido en Brasil, como en 2013 y 2019, cuando el inicio de la resistencia fue la juventud. El movimiento antifascista era joven y el levantamiento antirracista tuvo el protagonismo de la juventud.

  1. Nuestras campañas mayoritarias en los estados tendrán la responsabilidad de defender la agitación programática para las masas

IV.1 Los Comités ¡Bolsonaro Nunca Más!

Una iniciativa en la que deberíamos apostar son los Comités ¡Bolsonaro Nunca Más! Es una posibilidad de impulsar espacios con ese carácter arriba descrito, desde abajo, radicalizados, conectados con los sectores que estuvieron al frente de las luchas contra el actual gobierno.

El elemento de movilización, además de esa vinculación de la juventud con la campaña de Lula, es fundamental en la elección para buscar el voto de nuestros candidatos a diputado nacional, estadual, senado y gobierno estadual. Pero también es estratégica para enfrentar la política golpista y para el futuro, porque nuestra apuesta para enfrentar a la burguesía y sus dos alas es la movilización, con independencia y pueblo en la calle.

Tenemos que buscar ser el referente electoral y organizativo de este sector.

IV.2 La lucha por un PSOL independiente

La disputa por el PSOL independiente será central. Las presiones para sumarse a un eventual gobierno de Lula -lo que supondría cruzar el rubicón- aumentan con la polarización. La última batalla, sin embargo, no se dio. En 2023, ante la confirmación de este hipotético escenario, debemos conjugar una tenaz lucha pública con nuestros parlamentares y la organización de la disputa del PSOL, dentro y fuera, en diálogo con el activismo. Será un año de congreso del PSOL, aún con sus fórmulas distorsionadas, que utilizan el criterio de afiliados y no de militantes, hay que disputar la construcción de su izquierda.

No podemos perder de vista esta lucha de largo plazo, emula la verdadera maratón que deben hacer los cuadros y la dirección, para tener un esfuerzo concentrado en la táctica electoral para la reelección.

IV.3 Programa y orientación

En primer lugar, nuestra orientación es poner todas nuestras fuerzas en la derrota de Bolsonaro. Esto ya está consolidado entre nuestros cuadros. Además, la renovación de los mandatos de nuestras parlamentarias federales, Sâmia, Fernanda y Vivi, es de máxima prioridad. Eso sumado a la reelección de nuestros diputados estatales, Luciana Genro y Fábio Felix y Mônica Seixas da Campanha Preta, además de elegir a Josemar Carvalho. Apostamos a que la derrota de Bolsonaro es solo una primera etapa, que la lucha continuará en el período siguiente incluso en el caso de la victoria de Lula. Nuestros voceros en la Cámara Federal jugarán un papel clave en la expresión de demandas de clase que no serán resueltas por la elección.

Además, tenemos que promover nuestras propias iniciativas, con nuestra “cara”, nuestro método de lucha y nuestro programa.

Nuestras candidaturas (proporcionales y mayoritarias) deben ser también un espacio de organización, construcción y movilización. La posición del PSOL de no lanzar una candidatura propia, si bien perjudica el alcance de nuestra política, no impacta en la misma medida en nuestras campañas proporcionales. Aún con candidatura propia, estas candidaturas tienen un alto grado de autonomía organizativa, de iniciativa y de construcción de espacios propios. Lo que cambia es el alcance que podemos tener de estas campañas en el contexto de una elección altamente polarizada.

  1. Elementos del programa

Para la necesaria defensa de un PSOL independiente, auténtico, conectado con el proyecto fundacional, será fundamental la delimitación por parte de nuestras figuras y candidaturas de puntos programáticos. Necesitamos profundizar el debate programático, enumerando puntos fundamentales con carácter transitorio que demarcarán nuestro perfil y nuestra separación programática del PTismo.

Aquí enumeramos algunos puntos fundamentales, banderas que debemos levantar como salida a la crisis, presentándolas en este marco. La campaña contra los multimillonarios, expresada en el lema “¡Los multimillonarios no deberían existir!”, entronca con la profunda crisis que atravesamos, con la creciente pobreza que se produce al mismo tiempo que aumenta la fortuna de los multimillonarios. Es necesario defender el empleo y los derechos, frente a la precariedad, así como la apreciación de los salarios erosionados por la inflación.

Del mismo modo, poner en jaque los intereses del capital financiero es fundamental, en este sentido, agitar la auditoría de la deuda pública sigue siendo fundamental (bandera abandonada por la campaña de Boulos de 2018). Se necesita con urgencia una reforma agraria radical ante la crisis de suministro de alimentos y la inflación.

La crisis de la pandemia destacó la importancia de la ciencia, la investigación y la estructura de la salud pública. Defender un programa de inversión en las universidades públicas, que concentran la producción científica del país, es un punto crucial, como lo es la defensa de otro modelo de desarrollo, con la lucha contra la explotación depredadora de la naturaleza, la defensa de los biomas y la Amazonía.

Por lo tanto, proponemos:

VOTAR LULA 13 CONTRA BOLSONARO

  1. Derrotar a la extrema derecha en las calles y en las urnas

– Organizar la movilización social para detener a los golpistas. Preparan comités para enfrentar la deslegitimación de las urnas

– Prisión para Bolsonaro y su familia. Desmantelamiento de las milicias, tras la investigación de los responsables de la muerte de Marielle

– Apertura de la confidencialidad de los involucrados en actos golpistas. Prisión para Daniel Silveira y compañía.

– Fin de la política de seguridad genocida contra las poblaciones negras e indígenas.

– Convocar al movimiento de masas para discutir la autodefensa.

– Una política de bajas militares, defensa de los salarios y derechos asociativos.

Fin de STM. Investigación de las acusaciones hechas por Miriam Leitão sobre los crímenes de la dictadura

  1. Por una economía orientada hacia la mayoría de las personas y hacia la vida

– ¡Ni el hambre ni los multimillonarios deberían existir! ¡Que los ricos paguen la crisis! ¡Por la tributación de las grandes fortunas!

– ¡Auditar la deuda pública ya! Por un frente de países deudores.

– ¡Fin del PPI! ¡Petrobras 100% pública! ¡Bajando los precios de los combustibles!

– Fin de la autonomía BC. Por la nacionalización del sistema financiero.

– Amnistía para familias endeudadas. Programa de limpieza de nombres SPC y Serasa

– Control público y estatal del comercio de criptomonedas.

– ¡Reforma agraria ya! Por un nuevo modelo de distribución de alimentos. Si el campo no siembra, la ciudad no come.

– ¡Por un programa para la juventud! ¡Contra el proyecto que prevé el pago de matrículas en las universidades! ¡En defensa de la ciencia y de las universidades públicas!

– ¡No a la reforma administrativa! ¡En defensa del servicio público!

  1. En defensa de lo común, lo público y los derechos de los trabajadores

– ¡Derogación de reformas (laborales, previsionales y políticas)! ¡Ningún trabajador sin derechos! ¡Por el empleo y la apreciación del salario!

– Recomposición de los ingresos de los trabajadores, jubilados y pensionados. Políticas de reducción de jornada sin reducción de salarios, favoreciendo así la creación de nuevos puestos de trabajo, además de un programa de ingresos por trabajo doméstico.

– Prioridad al SUS. ¡Inversión masiva y fin de los sistemas operativos!

– ¡No a la reforma administrativa! ¡En defensa del servicio público!

IV. Por un Brasil ecosocialista

– Defensa de las tierras indígenas, contra el tiempo.

– Regulación de procesos mineros y extractivos.

– Defensa de la Amazonía.

– Fin del acaparamiento de tierras.

– Financiamiento para la transición energética, deforestación cero, respeto a la naturaleza y garantía de los derechos de los pueblos indígenas, tradicionales y quilombolas.

– Inclusión en protocolos internacionales para la protección del clima.

– Reforma urbanística para retirar viviendas de taludes y zonas de riesgo.

  1. Por más derechos. Por el fin del genocidio de la juventud negra, defensa de la mujer, la población LGBTQI

– Combatir la violencia policial y el superencarcelamiento de la población negra.

– Enfrentar el racismo estructural en el Estado, en las empresas y en las organizaciones sociales.

– Luchar por un programa de defensa de la diversidad sexual y debate de género en las escuelas.

– Trabajo de cuidados: Valorar este trabajo que es femenino es una agenda feminista cada vez más latente. Las mujeres son mayoría en salud y educación.

– Reconocimiento de la maternidad como trabajo, incluido en el cómputo de la jubilación, defensa de los derechos reproductivos de las mujeres y lucha contra la violencia de género.

—————————————————————————

1 (https://movimentorevista.com.br/2022/02/contra-a-agressao-imperialista-de-putin-fora-tropas-russas-da-ucrania-em-defesa-da-paz-e-da- liberación-de-los-pacifistas-rusos/)

2 https://thenextrecession.wordpress.com/2022/03/26/the-war-on-inflation/

3 https://movimentorevista.com.br/2022/05/votar-em-lula-para-derrotar-bolsonaro-mas-confiar-only-na-forca-da-luta-dos-trabalhadores-do-povo-e -de la Juventud/

Coordinación Nacional del MES (Movimiento de Izquierda Socialista).


Parlamentares do Movimento Esquerda Socialista (PSOL)

   

Podcast Em Movimento

Capa da última edição da Revista Movimento
Esta é a vigésima quarta edição da Revista Movimento. Iniciando nossas publicações em 2022, preparamos uma edição com um dossiê de mulheres, organizado pelas mulheres do Movimento Esquerda Socialista (MES).