Petro gana la primera batalla, pero la guerra continúa
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Petro gana la primera batalla, pero la guerra continúa

Gustavo Petro y Francia Márquez ganan la primera etapa de las elecciones y avanzan a la segunda vuelta. La victoria de la coalición Petro-Francia podría asfaltar el camino para liquidar el régimen político más reaccionario del continente.

Israel Dutra 31 maio 2022, 09:42

Este fin de semana, Colombia celebró la primera parte de la elección más importante de su historia reciente. El domingo 29 de mayo los colombianos acudieron a las urnas para definir quién será el nuevo presidente del país. Petro ganó la primera etapa de la elección: pasó con el 40,3% a la segunda vuelta, donde competirá con Rodolfo Hernández, que obtuvo el 28% de los votos.

La campaña está polarizada, con una lucha abierta, una verdadera guerra sucia. A tal punto que incluso la campaña fue interrumpida a principios de mayo, luego de amenazas de muerte a Gustavo Petro. Tras la reanudación de los mítines, hubo no pocas concentraciones de público en las que Petro y Francia utilizaron escudos policiales en el escenario para protegerse.

La alegría que se apoderó de las calles de las ciudades de Colombia, en la mayor votación de una candidatura de izquierda en la historia del país, al contar con tantos millones de votos, contrasta con la aprensión por la nueva etapa que se inicia.

Hemos estado siguiendo muy de cerca la lucha en Colombia desde hace bastante tiempo. El avance de la campaña Petro, la participación de Colombia en las revueltas latinoamericanas y los dilemas que el país ya señaló en su esencia . La represión del gobierno de Duque, una señal de identidad de los últimos años, tuvo su respuesta en las calles y en las urnas: el urubismo fue derrotado en esta elección. Una de las principales características de la primera vuelta es justamente esta: la derrota del sector uribista, con el voto por el cambio y la preparación para una pelea muy dura en la segunda vuelta. (enlaces a la versión en portugués del texto)

Los resultados de la primera vuelta

Fue la elección más polarizada en la historia de Colombia. Los resultados de la primera ronda así lo demuestran. Petro se quedó con el 40,03% y competirá, como se mencionó anteriormente, con el “caballo oscuro” Rodolfo Hernández, exalcalde de Bucaramanga. Detrás del candidato del uribismo, Frederico Guterrez, quien obtuvo el 23,91% de los votos.

El candidato del “centro”, Sergio Fajardo, apoyado por grupos de origen maoísta como MOIR, obtuvo el 4,20%.

El voto principal fue por el cambio: después de veinte años de uribismo dominando la política colombiana, el pueblo lo rechazó y exigió transformaciones profundas.

Hubo acusaciones de fraude. El día de las elecciones, Petro denunció que no se habían contado suficientemente las encuestas. En una nota publicada en sus redes sociales, la planilla manifestó que se vio impedida de realizar una auditoría de las urnas, por lo que la verificación realizada por los órganos locales fue insuficiente, sin la amplia participación de las planillas. La situación no es nueva: en las elecciones parlamentarias de marzo, Gustavo denunció que no se contaron alrededor de cuatrocientos mil votos de la izquierda. Aun así, la candidatura obtuvo un aumento de tres escaños en el Parlamento, llegando a 45, convirtiéndose en la mayor fuerza política, empatada con los liberales.

Otra muestra de la importancia de esta elección es el ciclo general de elecciones que atraviesa el mundo este año, con los ojos del mundo puestos en América Latina. Otras elecciones expresan la polarización social de la segunda mitad del siglo, pero los procesos de resquebrajamiento en Chile, Bolivia, Perú, Argentina y ahora Colombia, trajeron resultados a la izquierda en las elecciones. El próximo será Brasil. Lo esencial en la evaluación preliminar del resultado de la primera vuelta: la elección de 2022, que ya es la más polarizada en la historia de Colombia, tiende a polarizarse aún más en la segunda vuelta.

La elección: entre el signo de la revuelta y un giro aún más reaccionario

Luego de casi 20 años de regímenes con rasgos autoritarios, el último, seguramente el más atrasado de la región, Colombia vivió un histórico levantamiento popular hace exactamente un año. Luego de las explosiones en Ecuador y Chile en 2019 -que se saldaron con una grave derrota de la derecha en las elecciones constituyentes-, la resistencia al golpe de Estado en Perú en 2020, y el levantamiento paraguayo de marzo de 2020 -contra la incompetencia del gobierno en el manejo de la salud – en 2021 fue el turno de Colombia. Un proceso sin precedentes. El “Paro Nacional” colombiano del 28 y 29 de abril de 2021 revirtió la reforma tributaria en el país. La movilización incluso derrocó al Ministro de Economía.

El apoyo de Petro a las movilizaciones, entonces senador colombiano, fue crucial para la conformación del Pacto Histórico. Su constante denuncia a las reformas de Duque, que atacaban directamente la supervivencia del pueblo colombiano -ya sea por los altos precios o por la forma en que enfrentó la pandemia- llevó al Pacto a varios sectores alejados de la política. El número de votos de los jóvenes creció y la participación de personas de entre 18 y 24 años en esta elección alcanzó un máximo histórico. Aunque ganó en las mismas regiones – Atlántico, Cauca, Chocó, Córdoba, La Guajira, Nariño, Putumayo, Sucre y Vaupés fueron las zonas del país donde ganó Gustavo Petro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2018, las mismas regiones donde obtuvo la mayoría de votos el domingo pasado -los casi nueve millones de votos que ganó Petro expresan el mejor desempeño electoral de los movimientos sociales y de izquierda. Puede decirse que tal nivel, explicado por la intensa polarización -que es internacional-, sólo fue posible gracias al levantamiento de 2021, el fin de la política guerrillera que hegemonizó durante muchos años la acción de masas, con las FARC como dirección y el escenario regional que ha puesto en acción a las masas desde 2019.

Como el régimen colombiano se asienta sobre el peso del imperialismo estadounidense, ostensiblemente presente desde fines de la década de 1980, bajo la justificación de la Guerra contra las Drogas, para derrotar a estos pilares es necesario ir más allá de derrotar al uribismo. Es necesario desmantelar el régimen y su aparato de represión, responsable de la violencia política y el terrorismo de Estado que marcó el período de Uribe y sus sucesores.

Como la burguesía no va a ceder fácilmente sus privilegios, recurrió a una de sus últimas cartas: la figura populista de Rodolfo Hernández, levantando la confusión y regañando al régimen, con su discurso anticorrupción y su forma histriónica que recuerda a los líderes de extrema derecha como Trump y otros. No por casualidad, el nombre de su fórmula fue “Liga de lucha contra la corrupción”. Al no ser la opción preferida de la burguesía, en especial la de Medellín, atrincherada en la candidatura de Fico, Rodolfo pasa a la segunda vuelta con la misión de impedir la victoria electoral de Petro y Francia.

No se puede descartar el peso de las Fuerzas Armadas y de los sectores más reaccionarios. Todas sus armas serán utilizadas en la guerra sucia que se acelera: fake news, violencia política, amenazas a los líderes. La estrategia de choque de la derecha colombiana será organizar a los sectores más reaccionarios que estaban atemorizados por el levantamiento popular y el empoderamiento de los oprimidos de la ciudad y el campo y dar algún tipo de golpe de estado que conduzca a un gobierno más reaccionario y conserve los más aspectos atrasados ​​del régimen de Uribe.

Francia Márquez, una novedad ‘desde abajo’

Francia es activista medioambiental y antirracista. Es la primera vez que una mujer negra se postula para la vicepresidencia en Colombia, por lo que también es la primera vez que el debate sobre el racismo está tan de moda. La activista, que también se postuló en las primarias, se sumó a Petro tras quedar en segundo lugar.

Francia proviene de una región con fuerte interés extractivo, la ciudad de Suárez, y su participación también trae a la palestra a la “lucha de los Nadies”, los don nadie de Colombia. Su grupo “Soy porque somos”, busca inspiración en los procesos de la negritud brasileña, mencionando a Marielle Franco y otros activistas negros brasileños.

La votación en las primarias, que alcanzó cerca de 1 millón de votos, sorprendió y generó un compromiso importante: sin duda, Francia Márquez es una campaña en movimiento.

Parte de su programa está directamente vinculado a las demandas del levantamiento de 2021, pues vale recordar que fue escrito en su momento por la senadora Piedad Córdoba.

“La rebelión social generalizada contra esta crisis, se rebela también contra las tradicionales formas de hacer política en Colombia, pero no contra la política. Es una rebelión política, de clase, generacional y con sello étnico, como se expresa en los principales puntos de resistencia. Por ello, el reto histórico que tenemos en nuestras manos es hacer que el Paro pase de ser subversión a ser Poder. Parar para gobernar. Sin embargo, no veo que esto sea posible sin transformar de fondo muchas cosas, así mismo, tengo claro que las exigencias del Paro no caben en las vías institucionales actuales, ni pueden ser incluidas sin una renovación profunda de la llamada clase política y de la misma institucionalidad Estatal.

El pasado 27 de julio el Comité Nacional de Paro, con el respaldo de la bancada de oposición, radicó diez proyectos de ley en el Congreso para que sean tramitados en la última legislatura del mandato. Del paquete legislativo propuesto por un sector de los manifestantes se destacan la Ley de Renta Básica, la Reforma a la Policía, el Estatuto de Garantías del Derecho a la Protesta, Ley de Matrícula Cero, la Ley de Reactivación Económica de PYMES y Generación de Empleo. Cada una de estas normas representaría pasos importantísimos para la democratización integral del país, que amerita un amplio debate nacional. Desde  ya ofrezco esta columna para tocar en profundidad los proyectos gestados por la movilización popular, así como de los que aún faltan.”

La izquierda socialista y el “proceso colombiano”: los próximos quince días que valen años

No hay duda: la segunda vuelta será complicada. Y es precisamente por eso que el papel de la izquierda socialista ahora es rodear de solidaridad la segunda vuelta colombiana. La denuncia de un posible fraude en el proceso necesita recorrer el mundo, como lo hace el proyecto de gobierno de Rodolfo, aliado al neoliberalismo global, que “resuelve” las demandas de la población con exoneraciones para los ricos y endurecimiento para los pobres.

La primera tarea es rodear el proceso de solidaridad. La coalición Petro-Francia debe buscar los votos nulos y consolidar un amplio movimiento de masas capaz de frenar la ofensiva de guerra sucia de la ultraderecha y garantizar una mayoría social en las urnas.

Cabe destacar los aspectos programáticos más avanzados, con audiencia entre los estratos populares, como la ruptura de la alianza entre el crimen organizado, la casta estatal y los paramilitares y milicianos de todo tipo; cambiar la matriz energética, interrumpiendo la minería y la explotación de las riquezas naturales del país, dando peso a una reforma agraria y a otro modelo de país; condenando modelos autoritarios como Bolsonaro, pero sin dejar de denunciar la dictadura orteguista en Nicaragua.

Una victoria abriría el camino para liquidar al régimen más reaccionario del continente; sería un mensaje a los pueblos del mundo de que es posible luchar y conquistar, y sobre todo, un mensaje a la extrema derecha, Jair Bolsonaro, Elon Musk y sus secuaces: “seréis derrotados”.

El PSOL necesita ser parte de este proceso. En la primera vuelta, una delegación del partido viajó al país. Lo mismo debería ocurrir en el segundo. Porque, en palabras del propio Gustavo Petro, ya ganamos dos veces: en las primarias del 13 de marzo y en la primera vuelta del 29 de mayo. Lucharemos hasta el 19 de junio.

Israel Dutra, Secretario General del PSOL, es sociólogo, miembro de la Dirección Nacional del partido y del Movimiento de Izquierda Socialista (MES).


Parlamentares do Movimento Esquerda Socialista (PSOL)

   

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