¡Fuera Trump de Venezuela!
Fuerza y guerra es la política imperial de Trump
El discurso de Trump
Los objetivos del brutal ataque contra Venezuela —y el secuestro del presidente Maduro— quedaron explícitos en el discurso y la conferencia de prensa que Trump, sus ministros y el alto mando militar realizaron en Washington horas después de bombardear Caracas. Trump habló con un cinismo descarnado, sin eufemismos ni disfraces diplomáticos.
“Hicimos un ataque a gran escala”, declaró. “Demostramos que tenemos la fuerza militar infinitamente más poderosa del mundo”. Y fue aún más lejos: “Vamos a gobernar Venezuela”, “recuperaremos el petróleo que nos robaron”. No se trata solo de una amenaza: Trump pretende convertir a Venezuela en un protectorado colonial directo, despreciando incluso a figuras subordinadas y serviles como Corina Machado.
Se trató de una ostentación deliberada de fuerza, un mensaje dirigido no solo a Venezuela sino al mundo entero: atemorizar, disciplinar, escarmentar. Cuando Trump afirma que “la paz se consigue con la guerra”, está enunciando sin rodeos la lógica histórica de la dominación imperial y en concreto el propio declive de la hegemonía yanky. La fuerza y la guerra no son un exceso ni un error: son el núcleo mismo de la política del imperio para recuperar terreno perdido ante el neoimperialismo chino en América Latina.
Por eso, la tarea inmediata es unir todas las fuerzas posibles a escala mundial para rechazar esta agresión y frenar los objetivos neocoloniales de Trump. En Venezuela no solo se juega el destino de un país: se está definiendo qué le espera a América Latina en los próximos años si esta política logra consolidarse.
La única vía para detenerla es la movilización popular y la solidaridad internacional, que ya comienzan a expresarse en numerosos países. Y también el apoyo a la resistencia que inevitablemente surgirá en Venezuela cuando amplios sectores del pueblo comprendan lo que realmente significa la ocupación imperial. La historia reciente es clara: Irak, Afganistán, Somalia y tantos otros países muestran que el “orden” imperial solo deja devastación, dependencia y muerte.
La Doctrina Monroe en versión Trump
Trump no improvisa. Sus objetivos imperiales ya están claramente formulados por escrito en la Doctrina de Seguridad Nacional. Allí se afirma sin ambigüedades:
“Tras años de negligencia, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”.
Venezuela es el primer laboratorio de esta política neocolonial renovada. Luego vendrán otros: Cuba, Colombia sin olvidar que quiere hacerse de Groenlandia y Canadá. No es casual que Trump haya desplegado una gigantesca flota militar y el mayor portaaviones del mundo: no se trata de una simple demostración de fuerza, sino de la preparación de una nueva fase de intervencionismo abierto.
Con esta política, Trump está dinamitando incluso las propias reglas del orden internacional que el imperialismo estadounidense construyó tras la Segunda Guerra Mundial, así como principios básicos de su legalidad interna. No sorprende que sectores del establishment expresen alarma. El New York Times advierte, con razón, que Trump “corre el riesgo de justificar a los autoritarios de China, Rusia y otros países que buscan dominar a sus propios vecinos”. En realidad, Trump no hace más que decir en voz sin máscaras Para los países Latinoamericanos periféricos y semiperiféricos de cierto desarrollo mayor como Brasil y México, esa amenaza está colocada.
Sí, es posible detener a Trump
Es cierto que Estados Unidos cuenta con una superioridad militar y tecnológica aplastante frente a los países Latinoamericanos. También es real la desesperación de millones de venezolanos exiliados y el profundo desgaste y desprestigio del régimen de Maduro. Pero estas condiciones no garantizan la estabilidad de un dominio imperial. Muy por el contrario: se volverán contra Trump cuando quede claro lo que implica un protectorado colonial para la vida cotidiana del pueblo venezolano y las implicancias que tiene las desposesión, expropiación y extracción de sus recursos que el imperialismo yanqui va colocar.
Un régimen de ocupación imperial es insostenible en un país latinoamericano de la envergadura e historia de Venezuela. Por eso, incluso amplios sectores de la burguesía imperialista y de las clases dominantes del continente observan con temor este rumbo, conscientes de que solo traerá más caos, polarización y confrontaciones sociales. A esto se suma un factor clave: la resistencia interna dentro de los propios Estados Unidos, donde crece la oposición a la deriva autoritaria y militarista de Trump.
Unidad de acción antimperialista
La tarea histórica inconclusa de la unidad Latinoamericana vuelve a ponerse a la orden del día como necesidad estratégica ante la crisis mundial. Partiendo de la solidaridad activa con Venezuela obliga a pensar la necesidad de la defensa común de la soberanía, en el control popular de los recursos estratégicos y en la coordinación de luchas frente al capital transnacional y el militarismo imperial. El negacionismo de Trump —que tiene en Milei, Katz, Bukele como aliados incondicionales— no solo lleva a más explotación de los trabajadores sino a la desposesión de los recursos naturales, a la devastación del Amazonia, a la contaminación de los ríos a mayores crisis climáticas.
Solo una federación solidaria de naciones latinoamericanas, construida desde abajo y al servicio de los trabajadores y mayorías populares, puede ofrecer una salida real frente al saqueo, la dependencia, la guerra y la devastación ambiental. Una integración de este tipo va a dejar de ser una utopía abstracta porque es la condición material para que América Latina deje de ser territorio de disputa entre imperios y pueda decidir soberanamente su propio destino, libre del yugo imperial.
La tarea del momento es clara: colocar en el centro la unidad de acción antiimperialista, capaz de articular a los pueblos, movimientos sociales, organizaciones sindicales y fuerzas políticas del continente para frenar la agresión y defender el futuro de América Latina. Exigir de todos los gobiernos el repudio a la acción de Trump. Para la izquierda antiimperialista y revolucionaria no se trata solo de una respuesta inmediata a la ofensiva de Trump, sino de una orientación estratégica frente a una nueva etapa de dominación imperial abierta y violenta. La Conferencia Antifascista a realizarse en Porto Alegre el 27-30 de marzo será un espacio importante para la acción y las propuestas del futuro de nuestro continente
Libertad a Maduro!
Detener la agresión imperialista!
Unidad de acción antiimperialista!